09212005

El Periódico 21 de septiembre del 2005

• Muere el arquitecto judío que dedicó la vida a perseguir a los autores del Holocausto para entregarlos a la justicia
• Gracias a su labor fueron procesados 1.100 criminales

JOAN CAÑETE BAYLE
JERUSALÉN

Simon Wiesenthal, el arquitecto austriaco que dedicó su vida, tras sobrevivir a los campos de exterminio nazis, a perseguir a los verdugos del Tercer Reich para entregarlos a la justicia, explicaba con sencillez por qué se convirtió en el azote de los nazis que huyeron tras la guerra:

“Cuando lleguemos al otro mundo y los millones de judíos que murieron en los campos nos pregunten ‘¿Y tú qué hiciste con tu vida?’, unos dirán: ‘Yo fui joyero’. Otro dirá: ‘Yo construí casas’. Yo les diré: ‘No os olvidé’.”


Wiesenthal, de 96 años, murió ayer en Viena, y con él desaparece un hombre que luchó toda su vida contra el olvido, el antisemitismo y el racismo y a favor de la justicia.
“Busco justicia, no venganza. Mi trabajo es advertir a los asesinos del mañana de que nunca descansarán”, solía aclarar Wiesenthal, cuya vida fue marcada a sangre y fuego por el Holocausto. El incansable cazanazis nació el 31 de diciembre de 1908 en Buczacz, entonces del Imperio austrohúngaro y hoy en Ucrania. El terror nazi lo atrapó a él y a su mujer, Cyla, en la localidad ucraniana de Lviv, de donde huyeron hasta que fueron capturados y enviados al campo de Janwska. Tras lograr documentación polaca para su esposa a cambio de colaborar con la resistencia, el matrimonio se separó en 1942 y Wiesenthal empezó un periplo de huidas y capturas que le llevó a una decena de campos hasta que las tropas estadounidenses lo liberaron en Mauthausen el 5 de mayo de 1945. Pesaba entonces menos de 50 kilos, y 89 de sus familiares habían sido asesinados.

Memoria del infierno
“Nunca te creerán si algún día cuentas esto”, le dijo una vez un caporal nazi a Wiesenthal, que durante sus años de infierno empezó a memorizar los nombres de sus captores. Tras ser liberado, trabajó durante un tiempo en la Oficina de Crímenes de Guerra del Ejército de EEUU en la Austria liberada y en 1945 se reunió con su mujer, a la que creía muerta. En 1947, abrió en Linz (Austria) una oficina para recopilar información para futuros juicios. Pero la causa antinazi, en plena guerra fría, ya no era muy popular, y Wiesenthal acabó cerrando la oficina en 1954. Sólo se quedó un archivo: el de Adolf Eichmann, el ideólogo de la solución final.
Wiesenthal había entregado en 1953 información a Israel sobre el paradero de Eichmann en Buenos Aires, pero no sería hasta 1959 cuando el Mosad secuestró al nazi en Argentina y lo llevó a Israel, donde fue condenado a muerte en 1961. La captura de Eichmann animó a Wiesenthal, que reabrió en 1962 su Centro de Documentación Judío en un piso de 120 metros en Viena, donde estuvo trabajando, entre pilas de miles de documentos y sin un simple ordenador, casi hasta su muerte.
Fruto de su trabajo fue la detención de 1.100 personas acusadas de crímenes de guerra, entre los que destacan Karl Silberbauer (el oficial de la Gestapo que arrestó a Anna Frank en Amsterdam), Franz Stangl (el comandante del campo de Treblinka) y Hermine Ryan (una en apariencia inofensiva ama de casa del barrio de Queens en Nueva York que durante la guerra había supervisado el asesinato de centenares de niños en Majdanek). Eso sí, Wiesenthal siempre lamentó no haber capturado a Josef Mengele, el jefe médico de Auschwitz.

Los Balcanes y Ruanda
Pese a la indiferencia y hasta la animadversión que a veces encontraba –el Gobierno austriaco no lo vio nunca con buenos ojos–, Wiesenthal continuó con su trabajo, y creó sedes en Los Ángeles y Jerusalén, y denunció los crímenes de guerra en los Balcanes y Ruanda. Condecorado por gobiernos de medio mundo, en el 2003, tras morir su esposa, Wiesenthal dio por terminado su trabajo. Pero su fundación continúa trabajando en defensa de esa especie de justicia universal que Wiesenthal impulsó.
“Quiero que la gente sepa que los nazis no lograron matar a millones de personas impunemente”, dijo una vez Wiesenthal, tal vez recordando uno de los pasajes más famosos de sus memorias. Poco después de ser liberado, se encontró en un hospital a un moribundo oficial de las SS que le pidió que le perdonara. Wiesenthal dio media vuelta y se fue. Porque “no hay libertad sin justicia”.

Más información:

Jewish Virtual Library

Simon Wiesenthal Center

Compártelo

Un comentario a “El azote de los nazis”  

  1. 1 fernando

    Hola, la pagina esta muy buena, quisiera tambien decir que no se olvien del otro holocausto como fue EL GENOCIDIO ARMENIO, por el cual los turcos no se han hecho casi cargo, tambien las incursiones israelies en la franaja de GAZA masacrando a los palestions inocentes. Recordemos que no solo los judios murieron en los campos de exterminios, sino tambien gitanos, comunistas, etc, no entiendo como el mundo no ha hecho una condena efusiva contra el bastardo inmundo de JOSEF STALIN y si (bien merecida) con ADOLF HITLER y los nazis, si aqui se hablan de los “DERECHOS HUMANOS” los mismos deben ser vistos siempre con los dos ojos y no solamente con el izquierdo.

    GRACIAS
    HASTA LA PROXIMA

Escribe un comentario



Esto es lo que hay...