09262004

Este año se cumple el 75 aniversario la creación del genial personaje de Hergé y no podíamos dejar pasar la oportunidad de dedicarle unas líneas a un personaje que nos ha cautivado a todos y que constituye una referencia imprescindible en la historia del cómic.

Tintín y Milú

El 10 de enero de 1929 comienzan las andaduras del más famoso reportero belga, de la mano del dibujante Georges Remi, más conocido como Hergé. Este joven rubio de insaciable curiosidad, rebelde flequillo y sempiternos pantalones bombachos, acompañado por su inseparable Foxterrier Milú llegó a la extinta Unión Soviética hace 75 años en su primera aventura, Tintín en el país de los soviets, donde no tardaría en enfrentarse al GPU, precursor del célebre servicio secreto soviético KGB. Dibujado en el año 1929 y publicado un año más tarde, constituyó un éxito inesperado para una etapa en la que el cómic era aún considerado un género minoritario, y motivo a su autor a lanzar a su personaje a las más diversas aventuras en los lugares más insospechados alrededor del mundo.

En apenas 5 años surgen títulos como Tintín en el Congo (1931), Tintín en América (1932), Los cigarros del faraón (1934) y El loto azul (1936). Durante el periodo de ocupación nazi no se detienen las andanzas de nuestro reportero, más bien tienen lugar alguna de las aventuras más vendidas en todo el mundo, como El cangrejo de las pinzas de oro (1941), La estrella misteriosa (1942), El secreto del Unicornio y El tesoro de Rackham el Rojo (1944), de temática y desarrollo más exótico que los títulos precedentes, lo que se convirtió en una magnífica estrategia de Hergé para eludir la censura nazi. Incluso fue capaz de mandar a Tintín a la Luna en 1953 y 1954 a través de dos títulos: Objetivo la Luna y Aterrizaje en la Luna.

Hergé

Casterman, editor de toda la saga, publica en 1976 la última aventura ideada por Hergé, que fallece en 1983: Tintín y los pícaros, a la que precedieron relatos no menos interesantes como Stock de cock o Tintín en el Tíbet.

Hergé tuvo una gran capacidad para captar los movimientos e inquietudes políticas de su tiempo y se convirtió gracias a los viajes de tintín en un cronista muy particular del siglo XX y en una ventana abierta al mundo para millones de niños que aprendimos a leer con este entrañable personaje. Ese fue su gran logro, combinado con sus innegables dotes para el dibujo, su capacidad para la documentación, su habilidad narrativa y la diversidad de sus personajes, algunos tan memorables como el capitán Haddock o los detectives Hernández y Fernández.

Capitán Haddock

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